jueves, 26 de abril de 2012

SEMANA SANTA 2012


Ya hace días (semanas más bien) que pasó la Semana Santa, pero no podía dejar de escribir un post sobre ella, ya que ha sido muy especial para mi. Y es que parecía que no iba a llegar nunca esta Semana Santa. Desde que me apunté a la Cofradía de la Esperanza, esperaba el Jueves Santo con las ganas con las que un niño espera la noche de Reyes o la de Papá Noel. Pero había algo que me inquietaba y durante una semana antes no paraba de mirar las predicciones meteorológicas para ver si la lluvia nos iba a respetar ese día. Y los ánimos iban cayendo, a medida que iba viendo que el porcentaje de probabilidades de lluvia iba aumentando.
Y así llegó el Jueves Santo, el madrugón para vestirse y la llegada al Convento de las Dominicas Dueñas de Cabañales, lugar de partida de la procesión. El cielo estaba cubierto de nubes, pero la lluvia no caía y eso nos animaba, y aunque se empezaban a oír rumores de suspensión, teníamos la ilusión de que solo fueran eso, rumores. Cuando los varas nos indicaban que nos fuéramos colocando, bueno, ya fue un consuelo, eso quería decir que la Procesión salía, aunque si que se hablaba que con un recorrido acortado, vamos, que en al llegar a la Plaza Mayor, en lugar de girar y enfilar la calle camino a la Catedral, nada más llegaríamos hasta el Museo de Semana Santa.
Pero bueno, yo allí estaba, en el lado derecho de calle, en fila, con el caperuz colocado y la vara en la mano esperando a que empezara a andar mi primera Procesión de la Esperanza. Y echamos a andar, todo recto, con la gente colocada a ambos lados de la calzada, bajo el oscuro de las nubes que poco a poco iban alejándose, y escuchando los sones de la banda de música Nacor Blanco de Zamora.
Hubo muchos momentos especiales en la procesión, pero hubo dos muy emocionantes. El primero fue la subida de la calle Balborraz, al ladito de la Virgen casi todo el rato, escuchando las notas de la Saeta tocada por la banda, observando como a mucha gente, al ver pasar la Virgen se les humedecían los ojos, era muy emocionante. Pero el mejor momento de la mañana para mí, fue sin duda el llegar a la Plaza Mayor y ver en primera fila a mi familia que había ido a ver la procesión. Pensé que no me iban a conocer, que solo lo harían cuando estirara la mano para darle unos caramelos, pero no. Cuando estaba a dos metros de ellos, mi padre miró para mi y dijo, “es ese”. Y eso que solo se me veían los ojos, pero debe ser que un padre te conoce aunque vayas tapado hasta arriba.
Poco después llegamos al Museo de Semana Santa, donde con el canto de la Salve terminó la procesión. Una pena no haber podido hacer la procesión completa, y oír la Salve a la puerta de la Catedral, pero otro año será, si el tiempo lo permite.

 


 




 

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